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Aumenta la venta de psicofármacos para dormir en Argentina: riesgos de la automedicación y prevención

Crece el consumo de pastillas para dormir en Argentina. Especialistas advierten sobre la automedicación y el abuso de psicofármacos.

En los primeros cinco meses de 2025, en Argentina se vendió un 7% más de psicofármacos para dormir que en el mismo período del año pasado. El dato, del Observatorio de la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), no solo confirma que cada vez más personas tienen dificultades para dormir, sino también que se amplía la brecha entre el insomnio ocasional y los verdaderos trastornos del sueño que requieren medicación.

Una tendencia en alza

El aumento no es nuevo. En 2014 se vendieron 2,7 millones de cajas de hipnóticos y sedantes; para 2022, el número trepó a 3,5 millones, y en 2023 alcanzó casi 3,8 millones de unidades. Aunque en 2024 hubo una leve baja (3,6 millones), el repunte de 2025 confirma que el consumo de pastillas para dormir se mantiene alto.

El fenómeno tiene un antecedente claro: la pandemia, que dejó secuelas en los hábitos de sueño y en la gestión del estrés. Pero, como coinciden los expertos, el problema hoy ya no es la pandemia, sino la falta de paciencia para resolver el insomnio sin pastillas.

El Observatorio de la COFA también informó un incremento del 1,3% en las ventas de antidepresivos y estabilizadores del humor, lo que completa un panorama preocupante: más personas recurren a psicofármacos para sobrellevar el día y la noche.

“El insomnio es un síntoma, no una enfermedad en sí misma. Cuando alguien no puede dormir, hay que entender qué lo causa, no taparlo con una pastilla”, advierten los especialistas.

La línea fina entre necesidad y abuso

El principal riesgo es la automedicación. En Argentina, muchos de estos fármacos son de venta bajo receta, pero su acceso sigue siendo fácil. Las consecuencias pueden ser graves: dependencia, tolerancia, efectos secundarios y un deterioro del sueño natural.

Dormir mal es un problema real, pero dormir a pastillas no es la solución sostenible. Los expertos coinciden: el tratamiento debe ser integral y guiado por un profesional, combinando cambios en los hábitos, manejo del estrés y, solo si es necesario, medicación controlada.

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